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El cepillo de dientes electrico

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City: Seville, Spain

La verdad es que desde pequeña he tenido una relación “lo más normal” con mi cuerpo… esto es, desde el despertar sexual que tuvo que haber comenzado a eso de los 12 ó 13 años, hasta la actualidad, el “tocarme” no ha sido un problema… más que mal, las manos forman parte del mismo cuerpo, ¿no? No obstante ya más grande, he ido aprendiendo las maravillas que puede lograr el complementar las manos con otros objetos cuando es necesario para causarse placer…

Mi primera experiencia de masturbación expresa (lo de los de introducir mis dedos en la vagina era natural desde niña, como decía) fue en la oficina, en uno de mis trabajos anteriores… Estaba de novia con un chico que vivía en otra región, por lo que entre los tiempos de las visitas, teníamos largas conversaciones por el Chat y los email… siempre que estábamos por juntarnos, el tono de las conversaciones se hacía cada vez más subido y empezábamos a poner en palabras todas las cosas que nos haríamos cuando nos viéramos en unas horas más… En esas estábamos cuando en un arranque de calentura me saqué el bikini (bragas), ya que andaba con una falda ancha… fue genial, considerando que mi oficina era compartida… y ya sin poder aguantar las ganas de estar con él, y estando toda húmeda por la larga comunicación erótica, introduje un lápiz destacador (marcador) grueso, redondo, que tenía en el escritorio… la sensación fue genial, porque se mezclaba el placer de tener algo dentro mío (y de apretarlo con contracciones que había practicado, ejercitando para estar en forma para dar placer) con el morbo de que mi jefe entrara y me pidiera cosas (y mientras tanto yo, déle que apriete sentada en el escritorio frente al PC), mi compañera de oficina me hablaba y yo seguía y seguía… Cuando ya no aguanté más, entonces me paré y fui al baño a terminar “mi sesión“… la cantidad de flujos fue mucha, y lo que quedó adherido al marcador lo chupé sin más… total, era yo misma.

Naturalmente, de más está decir que a partir de esa vez, la experiencia se repitió muchas otras… A veces, en días que amanecía cachonda, ya no necesitaba la inspiración de mi novio, me bastaba leer relatos calientes o ver por breves minutos imágenes en la red, de mujeres chupando unos penes gordos, jugosos y enormes (imaginar que lo mamo es una cosa que me pone muy hot)

Pero un día, también leyendo la web en historias y experiencias de autosatisfacción, encontré toda una gama de posturas asociadas a la regadera y otros artículos de baño, que empecé a poner en práctica… Ponerte el chorro de agua y masajear el clítoris con éste empezó a ser también muy bueno… lo mismo el chorro de agua fría sobre los pechos… pero lo que descubrí que me provoca el orgasmo más largo, delicioso, 100% garantizado y que resulta espectacular para iniciar el día, no es otro que él, mi cepillo de dientes eléctrico…

Imaginen esa pequeña cabecilla que gira y gira con las cerdas suaves pero igual un poco picudas, masajeando el clítoris… la primera vez que me metí a la ducha con mi cepillo, me comencé a tocar los pechos mientras me pasaba y frotaba el jabón por el cuerpo sólo con un idea en la cabeza… que tenía frente a mi a uno de mis compañeros de oficina que me traía loquita, completamente desnudo y apuntándome con su pene completamente erecto, rojo, hinchado, furioso, deseosos de entrarme… mientras lo imagina rozándome mi cuquita y simultáneamente con una mano abría los labios en mi vagina, mientras el agua me caía en el cuerpo, y puse el cabezal girando, girando… fue espectacular!!! No me di cuenta cómo comencé a gemir y a tener los maravillosos espasmos del orgasmo… fue tan fuerte, que las rodillas casi se me doblaron… y en momento de la adorable corrida una torrente de mis flujos salieron sin control (ojo! No confundir orina con eyaculación femenina que, hoy, doy firmado que existe)… Dios!!! A partir de ése día y hasta hoy, todas las mañanas (a lo menos) mi cepillo entra conmigo… mis imágenes iniciales van variando… a veces soy sólo yo conmigo, sin nadie más… otras, imagino a varios hombres que me penetran y me chupan, varias vergas que mamo como obsesa hasta que espero el momento culmine de mi corrida… mi maravillosa corrida matutina diaria… También he complementado a mi cepillo con los dedos de la otra mano (hay una que lo sostiene) o un desodorante roll on (que tiene un envase cilíndrico y una punta redondeada que parece diseñada para este efecto) por el ano… nuevamente una experiencia para recomendar (y que me hace desear ansiosa el día que logre una doble penetración con seres de carne y hueso)…

También me he pegado esas corridas con un amante ocasional… le encantó la idea de verme masturbando con el cepillo y mientras me inducía a mi familiar corrida, él me daba por el culo… nada que decir! Muy buena experiencia…. Pero lo mejor me ocurrió hace pocos días…

Una chica de mi oficina estaba de cumpleaños y todos fuimos a festejarla a su casa. Entre copas de champagne, música y cigarros, repentinamente, deseé correrme con desesperación… Entonces fui a su baño, por un par buenos dedos (viejos amigos!) y ¡oh! Sobre el tocador había dos maravillosos cepillos eléctricos… No lo pude evitar… Rápidamente, comencé a darme… y les juro que la mezcla de ese delicioso cabezal en mi clítoris y la emoción e estar haciendo algo prohibido y socialmente reporbable, hicieron que la corrida fuera brutal… Después, agüita para dejarlo como si anda sobre el tocador, y después a la fiesta again… claro que esta vez, en mi cara iba una enorme sonrisa…

Esta “mini historia” es sólo para recomendarles que miren a su cepillo eléctrico con otros ojos… se volverán tan adictas como yo… Es más, si tuviera cómo reemplazar el sabor de una gran porra dura y caliente en mi boca, creo que sería el sustituto perfecto del hombre.

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